martes, 5 de diciembre de 2017

Amistades Adolescentes

Decía Aristóteles: “el hombre es un ser social por naturaleza”. Y efectivamente, si observamos a los niños desde que tienen capacidad para interactuar, comprobamos que ya los bebés, buscan con la mirada la atención de los que les rodean, les tranquilizan las voces conocidas y responden con sonidos y gestos a conversaciones y expresiones que todavía no entienden formalmente, pero intuyen. Y es que el ser humano está destinado a desarrollarse rodeado de personas,  de las que obtiene gran cantidad de estímulos, y  por tanto oportunidades aprendizaje.  

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En la primera infancia la amistad generalmente es temporal, dura lo que dura el  juego que tengan entre manos, pero ya están aprendiendo a comunicarse, compartir y ayudar. Poco a poco el concepto de amistad va desarrollándose y pasando por etapas: quieren que todos hagan lo que ellos hacen, tienen un “mejor amigo”, aparecen las primeras peleas que “duelen”, empiezan a confiar y contar confidencias… y así hasta que en la adolescencia, los amigos se convierten en algo vital, y empiezan a pasar más tiempo con ellos que con sus padres. 
Amistades Adolescentes
En torno a los 10-12 años, se va despertando en los niños la necesidad de pertenencia a un grupo. Buscan compañeros afines a ellos, con los que se puedan identificar por formas de ser, hobbies y preocupaciones. En definitiva buscan la seguridad entre iguales, entre niños que están pasando por sus mismas circunstancias. Empiezan a valorar como rasgos principales de la amistad,  la lealtad, la  confianza y la sinceridad , pero como todavía están aprendiendo, se sienten traicionados con demasiada frecuencia, por lo que las relaciones pueden ser al principio turbulentas. Además al ser ésta, una época de encuentro personal, no es raro que cambien de grupo y de amigos, ya que están buscando su sitio. Por tanto empiezan siendo relaciones cambiantes, que a medida que van madurando se van haciendo más duraderas y estables,  hasta que la comprensión y el respeto van dejando atrás las “riñas”. 

Es necesario que los adolescentes aprendan a distinguir  entre amistades buenas y malas.  Si pertenecen a un grupo que les hacen sentirse incòmodos,  les obligan a comportarse de una forma que no es la suya, les hieren con sus comentarios, les hacen verse en situaciones que no les gustan, les coartan y no les respetan … DEBEN CAMBIAR. Un buen grupo de  amigos se basa en la libertad para expresarse con respeto, en el diálogo en el que todos hablan y todos escuchan. El ambiente debe ser generalmente  relajado,  y todos se deben sentir a gusto,  comprendidos y/o respetados.  Los buenos amigos se apoyan,  se animan y  se alegran de los logros ajenos, y cuando discuten, arreglan las cosas y vuelven a la normalidad. Se aceptan unos a otros como son, en definitiva,  una buena amistad da seguridad. 

¿Como podemos ayudar los padres?

  • Debemos proporcionar a los niños desde pequeños situaciones para que se relacionen con los demás. Es aconsejable que tengan otros espacios de socialización además del colegio. Mientras más amplio sea su círculo, más posibilidades tendrán de encajar con grupos de personas afines. 
  • Debemos conocer a los amigos de nuestros hijos. Invítalos a casa, habla con ellos, ofrécete a llevarlos en coche… cualquier oportunidad que te permita compartir tiempo y verlos en su ambiente merece la pena.
  • Debemos estar atentos, que no obsesionados, para detectar malas influencias. Cambios de conducta como estar muy irritable, nervioso, retador, evasivo, saltarse normas importantes, ir a sitios poco recomendables, llegar a casa en malas condiciones etc, nos deben hacer, cuanto menos, investigar que pasa. Si se confirman nuestras sospechas, habrá que hacer lo posible para separar a nuestro hijo del amigo o grupo perjudicial, siempre con tacto y propiciando alternativas, de otra manera no funciona.
Cuando los padres NO ayudan

A lo largo de mi experiencia, me he encontrado, en más de una ocasión, con padres que no se saludan como consecuencia de haber intervenido en una discusión entre los hijos de ambas familias, a pesar de que estos ya hacía tiempo que habían olvidado el asunto en cuestión. Los adolescentes viven todo en el extremo, y pueden ser íntimos amigos, en un segundo “odiarse”, e igual de rápido volver a ser amigos. Para ellos es algo natural, pero para los adultos no… Solo en casos excepcionales, en los que veamos que nuestro hijo está sufriendo por el trato vejatorio reiterado por parte de algún compañero, debemos intervenir, y ahí sí, de manera contundente. Siempre es aconsejable que sea a través de profesores, tutores, entrenadores u otras personas que sepan como actuar. En el resto de situaciones, como norma, un padre solo debe intervenir aconsejando, escuchando y ayudando a ver las cosas con perspectiva. 
Nuestros hijos deben aprender a resolver sus problemas por ellos mismos, y eso solo lo conseguirán si les dejamos actuar.


domingo, 12 de noviembre de 2017

Conócete y confía en ti.

Un hombre que entraba en el circo,  se sorprendió al comprobar que los elefantes solo estaban retenidos por una delgada cuerda atada a una estaca, no había ni cadenas, ni jaulas. Obviamente, tenían fuerza suficiente para romper las cuerdas y moverse con libertad, pero no lo hacían. Preguntó a su domador cuál era el “truco”, y este le explicó que, desde que los elefantes nacían, utilizaban el mismo tipo de cuerda para inmovilizarlos, y  siendo tan pequeños, aunque lo intentaran, eran incapaces de escapar. “Con el paso del tiempo”, decía,  
“los elefantes acaban creyendo que no pueden liberarse de la cuerda, 
así que dejan de intentarlo ”. 

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Como los elefantes de esta historia, las personas actuamos impulsados por la percepción que tenemos de nosotros mismos. Ésta se forma durante nuestro desarrollo, a través de las experiencias vividas y de la imagen que los demás tienen de nosotros, y como nos la manifiestan. Todo ello nos da una información que a la larga forma nuestra AUTOESTIMA. 

Al llegar a la adolescencia,
 se  produce una maduración cognitiva que nos permite analizar mas allá.
Empiezan a surgir las discrepancias entre 
CÓMO CREO QUE SOY, y CÓMO  ME GUSTARÍA SER

Querido adolescente: habrás oído miles de veces que estás en una época de múltiples cambios físicos y psicológicos, una época de turbulencias, y a veces así lo habrás sentido. Pero esto no es algo negativo, por el contrario es necesario, y una oportunidad. Durante esta etapa, ya no todo depende de factores externos o de los demás. Empiezas a tener en tus manos herramientas para vivir la vida de forma autónoma y modelar tu personalidad. Lo que construyas ahora te acompañará para siempre, Así que estás de suerte:
¡ Este es el momento justo para hacerte fuerte!

  • Para empezar, ten claro que todos tus miedos e inseguridades, los tienen también tus amigos y compañeros. Hay algunos que los controlan más y otros menos, pero ahí están. Hasta este momento, toda tu vida dependía de los adultos, y ahora empiezas a tener autonomía, y eso da vértigo… Aprovecha la circunstancia y demuestra que puedes hacer las cosas bien hechas por ti mismo, y así conseguirás creer en ti, y los demás también reconocerán tu valía.

  • Conócete y acéptate. Cada persona es única e irrepetible. Existe algo que se llama temperamento con lo que se nace, y que explica en parte por qué, ante las mismas situaciones, cada uno reacciona de una manera diferente. Es importante que sepas reconocer tus rasgos, y los asumas. Imagina que eres tímido, y te gustaría ser más lanzado. Ya tienes mucho ganado: sabes como eres y como te gustaría ser . Ahora puedes trabajar en ello.

  • No te compares con los demás, compárate contigo mismo. Esta es la única forma de avanzar. Siguiendo con el ejemplo de la timidez: imagina que decides ir dando pasos pequeños cada día para superarte: te obligas a preguntar en clase, te acercas a tus compañeros, te vas animando a empezar conversaciones… poco a poco  vas avanzando, con tu propio esfuerzo. Tienes que estar muy orgulloso de ti. Sin embargo si te comparas con tu compañero más extrovertido, que está en todos lados y charla sin parar,  nunca verás cambios… y eso es frustrante. Ten por seguro que ese compañero tiene su propia lucha, todos tenemos luchas.

  • Ponte metas realistas. Te encantaría cantar bien, pero la realidad es que te cuesta mucho coger el ritmo y desentonas un poquito… No dejes de cantar si te gusta, sin duda mejorarás, quizás no llegues a ser una estrella de la música, ( o sí, quien sabe… ),pero no te tortures.  Seguro que destacas en otras  muchas cosas, búscalas y foméntalas. 

  • Generalizar es un error. Si algo te salió mal en un momento determinado, no tiene por qué volver a salir mal. Si estudiaste matemáticas y suspendiste,  será porque tuviste un mal día, quizás  estudiaste de forma incorrecta o te confiaste. Ello no significa que siempre te vaya a ir mal en matemáticas. Solo significa que tienes que dedicar más tiempo o utilizar otra técnica. Unicamente eso.

  • Acepta las críticas hechas con cariño, pues de los errores se aprende.   La perfección no existe, y por tanto debemos aceptar que los demás tienen mucho que enseñarnos.  Es síntoma de madurez admitir equivocaciones. No eches balones fuera, eso no construye nada dentro de ti, sin embargo asumir tu responsabilidad y analizar la situación, hará que mejores. Te volverás a equivocar, pero no tengas miedo, todos metemos la pata, los adultos también…y no pasa nada.

  • Que no falte el humor en tu vida. ¡Ríete de ti mismo! Imagínate en una situación muy ridícula, por ejemplo: te caes en un charco de barro en mitad del patio delante de todos los chicos y chicas del colegio, acabas mojado y manchado de barro de la cabeza a los pies. Tienes dos opciones: te quedas sentado, pasmado y muerto de vergüenza, o a pesar de la verguenza, empiezas a reírte antes de que empiecen los demás… total… si de todas formas se van a reír, porque la verdad, la situación es bastante cómica... 

En psicología se utiliza el término “pensamiento limitante”. A través de experiencias pasadas, se crean ideas que te impiden avanzar. Es un fenómeno que se produce con frecuencia, y que debes aprender a identificar y a parar.  Por ejemplo: un amigo, que creías muy cercano, no te invita a su fiesta de cumpleaños. Te vienes abajo y piensas que no tienes amigos y empiezas a  aislarte. Pero esa no es una interpretación real, la única verdad objetiva es que ese amigo en concreto, en ese momento no te ha invitado. Duele y  entristece, pero no deja de ser un hecho puntual. Acuérdate siempre de los elefantes: cuando eran pequeños no podían romper la cuerda, y de mayores vivían paralizados porque creían que no podían moverse…

¡Conócete, confía en ti y nunca te paralices!