viernes, 11 de mayo de 2018

Cuando digo NO me siento LIBRE

El ser humano, por el hecho de vivir en sociedad, está sujeto a  unas normas de convivencia que facilitan y enriquecen las relaciones con los demás.  De una forma natural, a medida que vamos creciendo, desarrollamos la capacidad de intuir lo que es acertado para iniciar y mantener buenas relaciones, y es tan importante esta formación, que cuando se carece de ella, generalmente por un mal aprendizaje, es necesario adquirirla, pues como humanos que somos necesitamos relacionarnos.


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Cuando digo NO me siento LIBRE

Las habilidades sociales engloban muchas destrezas, pero hoy nos vamos a centrar en una que es vital y particularmente difícil para los adolescentes: la capacidad para decir no, actuando de acuerdo a los propios principios, respetando y haciéndose respetar.  En la adolescencia se consolidan los amigos, y para conseguirlo muchos aceptan participar en cosas que saben con certeza que es arriesgado, incorrecto y perjudicial para uno mismo y a veces también para los demás. Obviamente es una forma equivocada de intentar conseguir la inclusión, porque además de tener  consecuencias destructivas para la persona, físicas y psicológicas,  se pretende ser aceptado  en un grupo dando una imagen irreal de uno mismo. Por el contrario, ser auténtico es la mejor forma de ganarse un sitio en el  grupo, y ello implica hacer lo que consideras correcto en cada momento, independientemente de lo que opinen los demás  que, por otro lado, no siempre es lo que parece…  Cuando en un grupo se inicia una conducta inadecuada, ten por seguro que  todos saben que está mal.  Siempre hay algunos que impulsan,  otros que los siguen y otros que observan, pero  todos saben la envergadura de lo  que están haciendo, y al final, todos acaban metidos en el mismo saco. 

¿Por qué hay personas que intentan convencer a otros de realizar algo incorrecto? 

La razón, generalmente, es que esas personas ya están metidas en el hoyo, y se sienten mal.  De forma muchas veces inconsciente, siguen la siguiente lógica: Yo me encuentro mal, pero no soy capaz de salir, así que intento normalizarlo. Si consigo que mis amigos me sigan, llego a la siguiente conclusión: si todos lo hacen, no será tan malo… Gran error: Un acto no es bueno o malo por el número de personas que lo hagan, sino por las consecuencias que tengan para uno mismo  y para los demás. Así mismo, hay actos buenos y malos intrínsecamente, que no admiten interpretaciones.

 Cuando una persona manipuladora quiere conseguir algo, utiliza estrategias que le han servido en otras ocasiones, que van más allá de una simple insistencia. Así llegan a desafiar, adular, amenazar, recompensar, ridiculizar e incluso engañar con tal de arrastrar al otro. Afirmaciones  como estas te tienen que poner en alerta: “Si quieres ser parte del grupo tienes que…”, “Con lo divertido que tu eres no me creo que te rajes ahora”, “A que no te atreves a…”, “Tienes miedo”, “Eres un raro” o “ Es imposible que te pase nada, confía en mí”.

Aun teniendo esta información, es comprensible que  te cueste decir NO, entre otra cosas  porque te puede parecer violento o incluso de mal gusto cuando todo el grupo está de acuerdo. No te preocupes, es normal, a los adultos también nos cuesta decir no en ocasiones. Vamos a ver que para mantenerte firme y hacer solo lo que te parezca correcto, no hace falta montar un número. A veces magnificamos lo que creemos que va a pasar, y pensamos que las consecuencias van a ser nefastas, y  ello nos acobarda. Pero cuando uno habla claro y con respeto,  generalmente la respuesta de los demás es pacífica. Lo importante es no perder la calma, y manifestar tu intención con cortesía: 

  • Dí simplemente NO: “Gracias pero no”, No me apetece”
  • Contesta como un disco rallado: Ante la insistencia, se puede optar por repetir que no de diferentes maneras pero con el mismo mensaje, al final el otro desistirá por puro cansancio: “ya… pero no lo haré”, “te escucho… pero no”, “lo siento pero no lo voy a hacer”
  • Ofrece alternativas: “En lugar de esto podríamos hacer …”
  • Da la razón sin entrar en confrontaciones: “ puede que tengas razón, pero yo no quiero hacerlo”, “te creo, pero no me apetece”.
  • Utiliza la comparación Para ti/ para mi: “Para ti será divertido, pero para mi es un riesgo que no quiero correr”, “para ti seré aburrido, pero yo me divierto más de otras maneras”.

La realidad es que si te atreves a decir “yo no”, y te mantienes, en poco tiempo tendrás quien te siga, y habrás sido capaz de ir a contracorriente y a favor de ti mismo. Además si defiendes tu postura con  educación  serás respetado por la mayoría, pues tener las ideas claras y actuar en consecuencia,  es más atractivo que ser maleable. Por supuesto cuenta  con que siempre habrá quien no te acepte, pero tienes la opción de seguir tu rumbo por otro camino y tomártelo con tranquilidad y humor, como el pensador indio Ghandi…

Cuando Ghandi estudiaba Derecho en la University College de Londres, un profesor de apellido Peters le tenía gran animadversión, por lo que eran muy comunes sus desencuentros. Un día el profesor Peters estaba almorzando en el comedor de la Universidad, cuando Grandi se sentó con su bandeja a su lado. El profesor, altanero, le dijo: -“Señor Gandhi usted no entiende...Un puerco y un pájaro, no se sientan a comer juntos”. A lo que Gandhi contestó sin inmutarse: -“Esté usted tranquilo profesor, que despliego mis alas y me voy volando “.. 


*Bibliografia: Fundación Adana, "experto en TDAH, Trastornos del aprendizaje y Trastornos de Conducta"













jueves, 5 de abril de 2018

Fomentar la paciencia en tiempos de inmediatez

Cuenta una leyenda japonesa, que un agricultor plantó una semilla de bambú. La abonó y la regó diariamente, pero durante mucho tiempo no pasó nada. En realidad, no pasó nada con la planta durante los primeros siete años, hasta el punto de que, un cultivador inexperto habría abandonado la planta, convencido de haber comprado semillas en mal estado. Sin embargo, él esperó y esperó, porque sabía que el cultivo del bambú requiere paciencia. Al  séptimo año empezó a crecer, y  en sólo seis semanas la planta de bambú alcanzó más de 30 metros. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, el bambú genera un complejo sistema de raíces que le permite sostener la enorme planta que está por nacer...
Si el agricultor la hubiera dejado de cuidar,
 nunca la habría visto florecer. 

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La Paciencia es una cualidad con unas connotaciones esenciales para el bienestar emocional de cualquier persona. De hecho la falta de paciencia provoca inquietud, desesperación y en última instancia estrés, que sostenido en el tiempo,  puede convertirse en patológico. Pero los tiempos que corren no fomentan precisamente esta virtud, pues hoy en día la inmediatez prima y por tanto la tolerancia a la frustración ha bajado notablemente. Pensemos simplemente en como han cambiado los tiempos en la comunicación: Hasta hace no mucho, si queríamos localizar a alguien, lo llamábamos al teléfonos fijo, si no estaba en casa, dejábamos recado y esperábamos llamada de vuelta.  Hoy en día si quieres contactar con alguien, lo llamas a su móvil, y si no te contesta, le mandas un whatsapp, o al revés.  Así que tu interlocutor recibirá  al instante tu o tus mensajes, así como el aviso de llamada perdida (de todas las que hayas hecho…), por lo que en poco tiempo recibirás respuesta, y en caso contrario… pensarás que algo raro ha pasado.

 Hemos ganado efectividad al mismo tiempo que hemos perdido paciencia

Nos hemos acostumbrado a un nivel de inmediatez tal, que la espera nos produce ansiedad…y ello afecta a todos los niveles de nuestra vida, desde la educación de nuestros hijos, hasta nuestra vida laboral. A veces se nos olvida que, para lograr muchos de nuestros objetivos, se requiere tiempo y perseverancia. De esta forma lo conseguido no será  fugaz,  sino permanente en el tiempo. 
El peligro del ritmo que llevamos, es que es altamente “contagioso”, sobre todo para los que dependen directamente de nuestras acciones y reacciones: NUESTROS HIJOS.  En muchas casas a lo largo del día se oye continuamente: corre, vamos, deprisa, ahora mismo, termina etc… generándose un ambiente acelerado que no favorece que nuestros hijos aprendan a hacer las cosas con sosiego y a esperar pacientemente. 

  • Los niños cuando nacen no tienen sentido del tiempo, cuando quieren algo lo quieren ya, e insisten llorando o gritando hasta que lo consiguen. Sin embargo si nosotros como padres satisfacemos todo de inmediato, ellos no aprenden a esperar. La recomendación es atenderles con tranquilidad cuando son bebés, y cuando ya nos comprenden, ponerles un tiempo de espera acorde con la edad y la situación : Te lo daré cuando termine de hablar por teléfono. 
  • A medida que crecen, aparecen deseos de cosas materiales. Es poco aconsejable que los niños consigan lo que quieren en el momento que lo quieren. Es positivo tener en cuenta las fechas importantes que se acercan, o ponerles metas para conseguirlo: su cumpleaños, los Reyes Magos, conseguir tener tu cuarto ordenado durante un determinado tiempo,  terminar de leer un libro… Además de valorar muchos más las cosas que reciben, aprenderán a esperar.
  • Hay actividades atractivas para los niños que requieren paciencia y calma para conseguir un buen resultado: la pesca, la costura, la pintura, instrumentos musicales, deportes… Solo con perseverancia se consiguen objetivos, fomentémoslo.

Merece la pena una reflexión sobre nuestro estilo de vida. 

En muchas familias los días de la semana están totalmente planeados de principio a fin, incluidos lo fines de semana. Ello necesariamente origina rigidez y prisas, porque hay que llegar a todo. Hay una pregunta que nos  debemos hacer: ¿que pasaría si quitáramos una actividad de la agenda de nuestros hijos? ¿y si la quitamos de la nuestra? No sorprenderemos al comprobar que NO PASA NADA,  por el contrario ganamos todos en flexibilidad, con lo que  ello conlleva.
Poner en práctica conscientemente actitudes que ayuden a fomentar la paciencia en el hogar es necesario, ya que a lo largo de la vida aparecerán situaciones que requerirán espera obligatoria. Hay muchas cosas que no dependen de nosotros, y debemos estar preparados para afrontarlas con la máximo paz posible, y la impaciencia es enemiga del paz.

“La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia  la debilidad del fuerte”
                                                                                                  Inmanuel Kant